martes, 18 de marzo de 2008

Juantxu se echa a la carretera

Publicado en: EL CORREO DIGITAL Fecha: 18 /03 /2008

A la espera del permiso de Tráfico, un bilbaíno será el primer español con discapacidad severa que conducirá un automóvil con un dispositivo similar a un videojuego.

LUIS GÓMEZ l.gomez@diario-elcorreo.com
De niño, Juantxu García se pasaba todo el tiempo jugando al fútbol. Vivía cerca de las escuelas de Atxuri y siempre estaba en el patio del colegio, a la espera de que apareciese algún amigo con el balón debajo del brazo para echar un partido. Corría las bandas que daba gusto verle. Pero la historia comenzó a torcerse al cumplir 13 años. Perdió velocidad y agilidad. Notaba que se cansaba a menudo y que tenía dificultades para andar, sobre todo, al subir escaleras. Y no sólo se fatigaba; también se tropezaba, con tanta frecuencia que a menudo acababa cayéndose.Hasta que un día recibió en la consulta médica uno de esos diagnósticos que provocan escalofríos de sólo escucharlos: padecía una grave enfermedad degenerativa muscular que le iría minando las fuerzas hasta acabar postrándole en una silla de ruedas. Una patalogía de origen desconocido -miopatía- que le ha dejado con un grado de movilidad «superreducido», comparable, para hacerse una idea del alcance de la lesión, «a la de un tetrapléjico». Juantxu mueve con soltura las manos, lo que le garantiza plena autonomía para comer sin ayuda de nadie y vestirse, siempre que no se enfunde «prendas demasiado ajustadas». Pero sus piernas le flaquean. Igual que sus brazos, que permanecen inmóviles. «Mantenerme en pie se convirtió en una tortura a medida que iba avanzando la enfermedad, un dolor insoportable», explica.Durante el bachillerato, que realizó en el Instituto Central, los síntomas de su enfermedad se acentuaron, aunque, por fortuna, encontró un hombro en el que apoyarse. En realidad no fue en uno, sino en tres: los de su primo Jesús Ángel Inclán con el que acostumbra a ir al cine -«me encanta el género de animación»- y los de sus dos mejores amigos: José Francisco García Llorente y José Antonio González Lorenzo. Se convirtieron en su sombra: «Ya andaba mal, pero andaba, y siempre estaban a mi lado para echarme una mano. Yo me apoyaba, literalmente, en sus hombros por si me tropezaba. Otra veces, me ayudaban a levantarme del suelo», relata este hombre de 42 años, que vive en Txurdinaga junto a su madre, Josefina, y Mari José, una de sus dos hermanas. «Me vi muy seguro»Casi diez años después del último partido en Atxuri, Juantxu aceptó lo inevitable. A lo que inicialmente se resisten casi todos los discapacitados: que si quería disfrutar de una mayor calidad de vida e independencia tendría que habituarse a desplazarse en silla de ruedas. A este bilbaíno, con el el título de EGA y amante de la informática, también le costó habituarse. «Pero lo asumes. No queda otra», remarca con firmeza. Una vez que dio el paso no se conformó con ver la vida pasar. Quería ser activo y no estar parado. ¿M-o-v-e-r-s-e! Hacer, en definitiva, cosas que hace años hubiesen sido impensables para los discapacitados físicos. Él siempre soñó con poder conducir para depender lo menos posible de los demás. Poder ir a ver los partidos de baloncesto que dirige su prima Estitxu Ibarretxe en el Juvenil del Irlandesas de Leioa; o acercarse a San Mamés, como hacía de niño para ver a sus idolatrados Sarabia y 'Cuco' Ciganda. «Mi padre me subía a cuchus a la Tribuna Sur Alta», recuerda.Pero el problema de los grandes discapacitados es que, por mucho que lo deseen e intenten, no pueden conducir. Es una cuestión de pura lógica. Ni siquiera tienen fuerzas para girar el volante. Este problema tiene ya solución. Al menos, para algunos. Gracias a tipos como Juantxu, que se rebelan y muestran un afán de superación. Y a 'inventos' como el patentado por empresas como la madrileña Rehatrans: el 'Joystick'. Un dispositivo móvil similar al de los videojuegos marca la dirección y controla el motor del vehículo. Este «gran avance» ya se usa en Alemania y ha permitido a las personas con discapacidades «severas», como tetraplejías, distrofias musculares, esclerosis múltiple y espina bífida, conducir su propio automóvil. El modelo es revolucionario. Hasta ahora, las empresas del sector adaptaban los coches para trasladar a discapacitados, pero sin posibilidad de que los condujeran estos. Con este sistema, el usuario conduce «directamente» desde la silla de ruedas en un automóvil reconvertido.Después de un largo peregrinaje por hospitales de toda España -Gorliz, Cruces, Navarra, Toledo... para someterse a todo tipo de tratamientos de rehabilitación-, el último viaje de Juantxu fue a Alemania para probar este ingenio. El ensayo tuvo lugar el pasado noviembre cerca de Stuttgart. Y vino encantado. «Me vi muy seguro y supe que podría conducir», relata.-¿Es sencillo el funcionamiento? -¿Muy simple!- contesta, mientras se pasea en silla de ruedas por Txurdinaga-. Esto es como un ordenador. Todo es electrónico y está informatizado. El manejo del aparato no exige nada de esfuerzo. Al disponer de movilidad en las manos, tengo la posibilidad de emplear un minivolante; y si no, utilizo el 'Joystick'. ¿Es como si jugara a la 'play'! Con los mandos regulas la dirección y giras a la derecha o a la izquierda. Y luego hay una palanquita, con la que aceleras y frenas. Si tiras hacia atrás, aceleras; si mueves hacia adelante, reduces la velocidad. Las marchas siempre son automáticas. El sistema informático central incorpora un doble circuito, para garantizar que en caso de un posible fallo se accione inmediatamente un dispositivo alternativo.«No soy un peligro»Aparte de Juantxu, sólo otro español, un discapacitado andaluz, ha probado este programa. Pero para poder usarlo, deberá esperar a la obtención del permiso de la Jefatura de Tráfico. Juantxu tendrá que examinarse en Artxanda para saber si puede echarse a la carretera, como hizo en Alemania. Porque de ganas «va sobrado». Pero la realidad es incuestionable: «Yo quiero conducir, pero antes tengo que ganarme la confianza de Tráfico y demostrar que no soy un peligro para el resto de los automovilistas», subraya con confianza. «En Alemania ya dejé claro que no soy ninguna amenaza para los demás y que puedo circular con seguridad y soltura».Si lo consigue, sabe que ganará, sobre todo, en libertad. Y que podrá echar a volar la imaginación y, quién sabe, tal vez seguir con su propio coche a 'su' Athletic, del que es socio, como hizo cuando se desplazó a Turín o Birmingham. En ello confía este hombre menudo y de aspecto juvenil que jugaba a ser futbolista en el patio de Atxuri.