Familiares, amigos y clientes acudieron ayer a la fiesta de despedida de comestibles Otxoa, que cierra tras 54 años ininterrumpidos de negocio. La txalaparta y el aurresku fueron el preámbulo de una fiesta que se celebró en la plazoleta de Santa María Magdalena, donde tantas horas han metido Miguel Otxoa y María José Oronoz en la trasera de su tienda. Con el cierre de este establecimiento, La Marina pierde una parte importante de su esencia, y los propietarios ganan una jubilación más que merecida, en la que quieren disfrutar de sus nietos.

María José Oronoz y Miguel Otxoa observan el
aurresku en Santa María Magdalena.
FERNANDO DE LA HERA
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